El tercio de varas es de
suma importancia para medir la bravura de un toro, pero, además, si
la suerte se realiza correctamente llena el tendido de emociones. Y
las emociones resultan indispensables para que cualquier espectáculo
resulte ameno.
Como ya expuse en una "cavilación" anterior, en estos tiempos en los que la oferta de
ocio es tan amplia, se antoja vital para la Fiesta, el presentar la
lidia del toro bravo como un espectáculo total. Una suerte de varas
con belleza y emoción debe ser parte fundamental de ese espectáculo taurino. Sin embargo, en la actualidad, en la mayoría de los casos,
es una mera parodia de lo que debiera ser. Considero responsables de
esta situación tanto a los profesionales (Ganaderos, matadores,
picadores y subalternos) por no poner todos los medios a su alcance
para que se lleve a cabo con pureza, como a los propios aficionados
por una excesiva condescendencia y falta de exigencia. Nos tragamos,
una y otra vez y sin rechistar, toros que entran al caballo al
relance de un mal capotazo o puyazos traseros y rectificando.

