Del fracaso al triunfo, de la tragedia a la gloria, de la depresión
a la euforia. Esa es la grandeza del toreo, su capacidad para
cambiar, apenas se conjuguen la valentía y el arte de un torero con
la bravura de un toro, no sólo el destino de un torero que pasa a
ser ídolo de masas, sino el estado de ánimo de miles de personas.
Y esta grandeza en todo su esplendor tuvimos la oportunidad de
disfrutarla el pasado sábado en el Coso de Los Califas cordobés.
Cincuenta temporadas después de que él mismo lo inaugurara se
anunciaba en los carteles un mito viviente del toreo. Mucho tiempo
transcurrido desde entonces.
