En esta
Córdoba taurina de nuestras alegrías y nuestras penas, últimamente
es complicado encontrar motivos de congratulación. Pero he aquí
que, de un tiempo a esta parte, no cesan de llegarme noticias
agradables procedentes de “La Vega”, esa finca palmeña donde
pastan las reses del legendario hierro de Saltillo. Los asistentes al
último tentadero cuenta y no paran sobre la humillación, calidad y
profundidad de las embestidas de las vacas tentadas, cada una con sus
“teclas” pero permitiendo a un torero etiquetado de “artista”
como Joaquín Díaz “Cuqui de Utrera” y a varios novilleros
bordar el toreo.
