Ayer disfruté en el Coso
de los Califas como hacía tiempo que no lo hacía. Finito de
Córdoba, Manzanares y, en especial, Morante de la Puebla derramaron
por el albero califal toreo del caro. Fue una tarde que seguro pasará
a los anales de la Plaza de Toros de Córdoba como una de sus fechas
más destacadas.
Las musas acompañaron
a Morante durante toda la tarde y nos deleitó, tanto con el percal
como con la franela, con esa tauromaquia personal y única que le
brota de lo más profundo. Sus verónicas al ralentí, el
barroquismo de sus chicuelinas, sus derechazos llenos de cadencia,
sus naturales más naturales que nunca, la personalidad de sus pases
de pecho y sus adornos únicos e irrepetibles quedaron impresos en
nuestras memoria para siempre.
Ahora bien, ¿fue
merecedora del rabo la faena a Guasón?
